Este mes de marzo, he participado en un debate televisivo con este título, junto con los contertulianos Salvador Rueda, arquitecto y promotor de las superestrellas; Carme Guiralt, catedrática de Geografía; y mi homólogo en el Gremio de Garajes, Rubén Fernández. Contrastar opiniones y puntos de vista siempre es enriquecedor, especialmente cuando lo haces con dos eminencias del mundo universitario. De entrada, agradecer a Betevé y su programa ‘Plaza abierta‘, su propuesta.
Quería destacar dos consideraciones. En primer lugar, la cosificación del coche —del vehículo privado— por parte de sus detractores. Hay que recordar que los vehículos no se mueven solos: los mueven personas que los utilizan, y detrás de cada desplazamiento hay un motivo y una justificación. Y esta justificación no es la comodidad —de hecho, los propios gestores de la movilidad ya se encargan de que su uso sea incómodo—, sino la necesidad.
En segundo lugar, venimos de una etapa en la que se ha perseguido y restringido el uso del vehículo privado, ignorando los beneficios y su función indispensable. Esto queda evidenciado por datos que demuestran que el vehículo de motor supera claramente el transporte público en número de desplazamientos de usuarios en Cataluña, así como por su papel alternativo ante las carencias del transporte público, recientemente ejemplificadas en el servicio de Cercanías.
