Empezamos el año con un escenario tensionado: en movilidad, la crisis de Cercanías; y en automoción, la incertidumbre por el anuncio de un nuevo plan de ayudas que, a día de hoy, aún no ha entrado en vigor y está frenando la dinámica natural del mercado.
Este contexto genera un shoilo generalizado entre ciudadanía y empresas, y evidencia la necesidad de un sistema de transporte funcional, fiable y eficiente. El tiempo es un recurso valioso, y demasiadas personas lo pierden diariamente en desplazamientos ferroviarios y viales que sólo una gestión pública moderna y coordinada puede resolver.
En un entorno globalizado y altamente competitivo, esta pérdida constante de productividad es insostenible. Además, la ausencia de datos públicos actualizados sobre congestión vial nos obliga a recurrir a fuentes tecnológicas como INRIX o TomTom, que sitúan al centro de Barcelona en una posición poco favorecedora, con impacto directo en la actividad económica, tanto de ocio como de negocio.
Para terminar, un dato que habla por sí solo: en 2025 se perdieron 109 horas por congestión en horas punta, el equivalente a 4 días y 13 horas. Cada uno puede calcular qué coste económico representa esta cifra en su día a día.
