Hace un año, el Gremio del Motor se adhirió a la plataforma Mou-te per Barcelona, un espacio de debate y reivindicación que alerta sobre las dificultades crecientes para acceder a la ciudad. Estas disfunciones, que afectan a miles de ciudadanos y trabajadores, tienen un impacto directo en la productividad, en el tiempo de trabajo efectivo y en la competitividad del tejido económico.
Cada día, personas de todo el área metropolitana se desplazan a Barcelona y dedican una parte cada vez más significativa de su tiempo a trayectos más largos, más lentos y más imprevisibles. Esta realidad se va agravando, y los datos lo confirman.
Este mes de enero, Mou-te per Barcelona ha hecho público un posicionamiento contundente por la crisis de Cercanías advirtiendo de una preocupación creciente: los déficits de infraestructura, la acumulación de obras y una política de movilidad percibido como desequilibrada y excesivamente centrada en el transporte público, están generando una congestión persistente que frena la circulación y la vida económica de la ciudad.
Debemos destacar especialmente que las empresas internacionales de análisis de tráfico TomTom e Inrix sitúan a Barcelona como la segunda ciudad del Estado con la media más elevada de tiempo de desplazamiento por kilómetro. Un indicador claramente negativo, especialmente en términos de competitividad y gestión del tiempo productivo.
Los costes asociados tampoco son menores. Sólo en el año 2025, el tiempo perdido por la congestión en horas punta llegó a las 109 horas, equivalentes a 4 días y 13 horas. Una cifra que pondría en alerta a cualquier economía que aspire a ser eficiente y atractiva para la inversión y la actividad empresarial.
Ante este panorama, los indicadores coinciden en poner de relieve la necesidad de una revisión urgente del modelo de movilidad. Hay que coordinar mejor el calendario y el alcance de las obras urbanas, mejorar los sistemas de semaforización, reforzar la disciplina viaria y, sobre todo, incorporar a la planificación las necesidades reales de desplazamiento de los ciudadanos y del tejido empresarial.
Barcelona necesita un modelo de movilidad moderno, eficiente e inclusivo, capaz de garantizar la convivencia de todos los modos de transporte y de evitar que la actividad económica sufra colapsos permanentes. La ciudad del futuro debe ser accesible, competitiva y equilibrada. Y esta es una tarea colectiva que requiere planificación, coordinación y voluntad de entendimiento.
