Skip links

Planificar con realismo, por Joan Blancafort

Pendientes de conocer la letra pequeña, los titulares del plan metropolitano de movilidad de Barcelona recientemente aprobado para el periodo 2025–2030, con respecto a la circulación de vehículos de motor, se focalizan en dos grandes objetivos: reducir su uso aproximadamente del 25% al 22%, según la información publicada en Región 7, y prohibir la circulación de vehículos con etiqueta amarilla a partir de 2028, tomando como base el marco normativo vigente de la Generalitat, tal como informaba El Periódico.

Se trata de declaraciones de intenciones claras, reforzadas, además, por una visión a muy largo plazo. En el horizonte 2050, la planificación urbanística metropolitana plantea reducir hasta un 50% el uso del vehículo de motor.

Pronostico que no será nada fácil. Quizá haya que contratar a Ethan Hunt, de Misión Imposible.

De entrada, porque los ingredientes para cocinar estos propósitos ya no son los más adecuados: un transporte público con carencias estructurales que ocupan titulares de manera recurrente; una gentrificación forzada que desplaza a muchos ciudadanos de los centros urbanos hacia coronas más alejadas; un envejecimiento progresivo de la población, y una oferta creciente, competitiva y cada vez más diversa de soluciones de movilidad provenientes del sector privado.

Desde el punto de vista de la automoción, hay que añadir un elemento a menudo ausente del debate: el parque móvil existente. La renovación del vehículo no es inmediata, ni barata, ni homogénea socialmente. Acelerar restricciones sin acompañarlas de un modelo realista de transición puede generar desequilibrios económicos y territoriales, así como un rechazo creciente por parte de los usuarios.

El paso del tiempo da y saca razones.Todos estamos de acuerdo en que planificar a medio y largo plazo es necesario; lo que nos diferencia es el cómo. Pero sobre todo, y aquí radica el punto clave, la toma de decisiones debería estar guiada por el sueño, el realismo y una mirada abierta. Especialmente, si tenemos en cuenta que, en los últimos años, mirando por el retrovisor, han emergido tecnologías y modos de movilidad que han ninguneado completamente el panorama y que, probablemente, seguirán haciéndolo mucho antes de que lleguemos al 2050.