Las noticias de estos días nos dejan con hechos y situaciones muy diferentes que, de una forma u otra, afectan a nuestra sociedad y también a nuestro medioambiente. Ante ellos, creemos que es necesario expresar una postura basada en la solidaridad, la firmeza y el respeto.
Ante la tragedia, solidaridad. Nos unimos al dolor causado por el trágico accidente de tren que ocurrió entre Los Yébenes y Urda, en Toledo. Queremos transmitir nuestra solidaridad a todos los afectados, nuestras más sinceras condolencias a las familias y amigos de las víctimas y el deseo de una pronta recuperación de las personas heridas. También reconocemos a los servicios de emergencia, fuerzas de seguridad y profesionales que trabajan en el cuidado de las víctimas y sus familias.
Frente a la violencia, firmeza. Los graves disturbios vividos en los últimos días en Barcelona y Bilbao deberían llevarnos a otra reflexión. Los episodios de vandalismo, destrucción de muebles, daños a establecimientos y vehículos o enfrentamientos en nuestras calles no pueden encontrar justificación en ninguna reclamación.
Frente a la coacción, respeto por los derechos de todos. Hoy en día también estamos experimentando las consecuencias de las alteraciones en el servicio ferroviario vinculadas al conflicto entre maquinistas. Sin cuestionar el derecho legítimo a una reclamación laboral, hay que recordar que, cuando las modificaciones afectan a un servicio público esencial para la movilidad, las consecuencias recaen directamente sobre miles de ciudadanos que necesitan transporte público para ir a trabajar, estudiar o llevar a cabo su vida diaria. La legítima defensa de los propios derechos debe ser compatible con el respeto a los derechos de los demás y con la responsabilidad que conlleva proporcionar un servicio esencial para la movilidad del país.
Son situaciones muy diferentes y no sería justo equipararlas. Una tragedia, episodios de violencia y un conflicto laboral tienen causas y naturalezas completamente distintas. Pero todos nos recuerdan, desde perspectivas muy distintas, el valor de la responsabilidad individual y colectiva y la necesidad de una sociedad cohesionada, capaz de responder a la adversidad con solidaridad y gestionar las diferencias con respeto.
La libertad de expresión, manifestación y protesta es una parte esencial de nuestra democracia. La violencia y la destrucción no lo son. Tampoco la coacción. El ejercicio legítimo de los derechos debe ir siempre acompañado del respeto a los derechos de los demás.
En tiempos difíciles necesitamos serenidad, responsabilidad y respeto. Y, sobre todo, preservar lo que nos une: la convivencia, la solidaridad y el compromiso con una sociedad segura, plural y cívica.
